
Era lunes y de mañana, salí a hacer ejercicios como nunca pero intrigado como siempre. Sentí que el frío ardía y que correr cada vez más rápido me daría finalmente el valor para buscarte, pedirte otra vez que lo intentemos y que juguemos a que yo era todo un hombre y tu más bien una inexperta señorita. Por fin le había puesto ilimitado a mi línea telefónica y había dejado de usar las camisas que tanto criticabas. Había llenado el ropera de mil cosas nuevas, entre ellas los polos y zapatillas que admirabas de él y que nunca había encontrado antes de mi talla.
Por fin me había decidido a no pedir permiso para las salidas nocturnas y quedarme pasada las 9 después de las clases de ética. Había dejado de sentarme en la primera fila y reservé un asiento lo más alejado del profesor intentando demostrarte que todo me sienta bien y que la ceguera se me había quitado por arte de magia.
Cambié a Diego Torres por un tal Dj Peligro. Tomé clases de reggueton por internet. Ensayé mil caminadas y como resultado terminé dando tumbos. Reemplazé mis nicks inspirados en Neruda y así poco a poco se alejaron de la cordura. Al diablo con la gramática, a cambiar la "c" por la "k" de lo cual eras más bien "fanatika".
Me había tatuado tu nombre con tinta china, te iba a asegurar que no me había dolido, que más bien lo había gozado de manera morbosa. Me había parado a comprarte algo y que más que dos latas de cerveza para demostrarte que las formalidades había dejado.
Lo tenía todo claro, caí en cuenta de que en tu puerta había terminado. Vi a un montón de gente llorando, ese maldito ya te había matado. Por un hijo que el nunca había deseado. Un error no planificado. Tú mujer y yo un niño que siempre te había amado.
DESCANZA EN PAZ AMOR.