
Ser benevolente me pasa muy a menudo, yo creo que mi problema es querer caer bien a todos, a los buenos, a los malos, a las ratas, ratazas. Algunos me llaman sobón, me lanzan miradas o indirectas no precisamente amigables pero cómo dice una canción de Arjona, el problema no es que jodan, el problema es que hago caso. Muy a pesar de lo que piensen algunos, es algo inevitable, soy medio sentimentalón, me tomo todo muy en serio.
Hay otras veces en las que empleo la disonancia cognoscitiva muy a la perfección pues aunque me jacto de ser directo, no me gusta herir a la gente ni bajarle el dedo por algún error. Pero, no se me juzgue como el sucesor de Juan Pablo II ni mucho menos. El gran dilema conmigo es que a veces detesto mi posición, y tengo ganas de joder, joder con ganas para no terminar como muchos otros que con ser buenos no se ganaron ni el postre.
Una de mis frases favoritas es: Me quiero comer el mundo, pero muchas veces gozo de una manera preocupante el que el mundo me trague con zapatos y todo, sin contemplaciones, así de inexplicable. A menudo me preocupan también los dequeísmos pero me satisface no dar cátedra de buena ortografía.
Me he calificado como un homofóbico pero muchas veces actúo como un perfecto maricón de poca monta y he sentido predilección por tener por lo menos un amigo gay, confeso, confeso hasta las patas.
He criticado la corrupción de mi país, pero no he dejado pasar la oportunidad de ganarme con un dinero extra cuando era parte de las comisiones escolares. Ya lo decía antes, estoy muy lejos de ser canonizado.
Suelo presumir de tener a los mejor amigos pero yo, estúpido, me intereso por ser amigo también de aquellos que me evitan, justamente los que piensan que soy de lo peor. Les escribo mensajes sobonazos y luego me asqueo yo mismo de lo que escribo.
Me ha sabido a huachafería el hacer fiestas ostentosas pero ahora mismo me encuentro en los "preparativos de mis 18", y esto no es sólo por mi, sino porque me empeño en sostener un castillo de naipes que de uniforme tiene poco.
Detesto que la gente se obsesione con su peso pero hace dos o tres años, la gastritis casi me gana la batalla. Critico el que mi madre se quiera lacear el pelo pero de aquí a unos meses voy a hacerme un tatuaje que cubra todo mi brazo y no escucharé objeciones.
Amo a la chica que "será mi enamorada" pero no me gusta salir de mi cuarto y prefiero no verla todos los días.
Me sorprendí con la moda emo, pero a la semana empecé a usar las zapatillas ALL STAR y no fue hasta ahora que me apegué a otra "tendencia".
A esto yo le llamo ser normal, niego ser el error de la mayoría de cosas pero... No encuentro otra alternativa, ni hipótesis por descartar...